¡Arrepientete! Metanoeite! ¡Date la vuelta!

Segundo domingo de Adviento (A) – 8 de diciembre de 2019

Santa Margarita María – Wichita, KS

Isaías 11:1-10; Salmo 72:1-2, 7-8, 12-13, 17; Romanos 15:4-9; Mateo 3:1-12

Adviento no es solo un momento para prepararse para la Navidad. ¡Lo es, pero es más que eso! Más importante que la Navidad es prepararnos para la segunda venida de Jesús. Es fácil de olvidar, pero lo decimos todos los domingos: “Él de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin” (Credo de Nicea). ¡Adviento es una llamada de atención a esta segunda venida! Al igual que Jesús vino una vez, vendrá otra vez.

Juan el Bautista tiene palabras muy fuertes en este Evangelio hoy. John está bautizando en el desierto, preparando a la gente para la primera venida de Jesús. ¿Y quién aparece? Los fariseos y saduceos. Pero no están allí porque están verdaderamente arrepentidos, están allí para tomar todas las precauciones, por si acaso—vienen a ser “bautizados” por Juan. Y Juan los desafía a ellos. Él dice: “Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su conversión.” En otras palabras, “No se puede poner agua en la cabeza y pensar que todo está bien. ¡Tienes que vivirlo!” ¡Y estas palabras de Juan son un llamado para cada uno de nosotros!

¿Estamos aquí “por si acaso,” solo para “tomar todas las precauciones”? ¿Estás aquí solo para tomar precauciones? ¿Llevan tus niños por el bautismo y la confirmación “por si acaso,” por superstición, tratando de evitar el infierno (si es que existe)? O ¿has aceptado el bautismo que tú mismo has recibido? ¿Estás tratando de aceptarlo, aunque sea difícil?

El mensaje de Juan el Bautista es simple: “¡Arrepiéntanse!” Pero, ¿qué significa eso? ¿Confiésate? ¿Te sientes mal por las cosas malas que has hecho? Pues claro. Esta bien. ¡Pero es más profundo que eso! John comienza su predicación con esa palabra: “¡Arrepiéntanse!” Pero la palabra para “arrepentirse” en el griego no es solo “arrepentirse.” La palabra, “metanoeita” (Μετανοεῖτε) realmente significa, “¡Date la vuelta!” Juan el Bautista le está diciendo a la gente: “Aparta tus mentes de las actitudes que has definido para ti como la meta de tu vida, y vuelve a la mente de Dios.” ¡Deja de intentar decidir qué te hará feliz! ¡Deja de intentar hacer todos estos planes para tu vida que te harán feliz! ¡Deja de decirle a Dios lo que necesitas para ser feliz! “¡Arrepientete! Metanoeite! ¡Date la vuelta!”

En la vida cristiana, el arrepentimiento, el arrepentimiento verdadero, significa dar la vuelta y vivir como Jesucristo. Metanoia, entonces, significa un “olvido” de uno mismo, una “autoaniquilación.” Significa que alguien más se convierte en lo más importante en tu vida. No eres el centro de tu vida, alguien más lo es. La vida de un cristiano, la vida de los bautizados es vivir para otro, no solo para uno mismo. ¡Los fariseos, viven completamente por sí mismos! ¡Se trata de ellos! Pero para nosotros, para los bautizados, la vida es siempre, siempre, siempre acerca de Otro.

Siempre pienso en mi mamá cuando pienso en esto. Mi mamá es una de las personas más increíbles que conozco. Mientras yo y mis hermanos crecíamos, ella hizo algunos de los sacrificios más increíbles por nosotros. ¡Pero lo que nunca olvidaré es cómo ella nunca pensó en sí misma! Quiero decir, le preguntas qué quería para su cumpleaños o para Navidad, y ella ni siquiera podía decirnos, porque sinceramente no había pensado en eso. Toda la vida de mi mama estuvo dedicada a nosotros y a mi papa. Cada decisión que tomó fue sobre lo que era mejor para nosotros, lo que era mejor para la familia. ¡Ella tomó decisiones que nos hicieron enojar tanto! Nos obligó a acostarnos, nos hizo limpiar nuestras cuartos, nos hizo estudiar, no nos dejó ver la televisión todo el día, nos obligó a jugar afuera, nunca permitió videojuegos en nuestra casa. Pero ella tomó esas decisiones para nuestro bien. Le amo a mi madre porque siempre nos cuidó. Incluso cuando no nos caía bien, la vida no se trataba de su propio “yo,” no se trataba de si nos caía bien. Ella no era el centro de su vida, mi papá y sus hijos sí.

¡Esa es una vida cristiana! Eso es vivir como Cristo. Eso es lo que significa vivir tu bautismo. La vida cristiana significa que alguien más se convierte en lo más importante en tu vida. No eres el centro de tu vida, alguien más lo es.

Pero eso significa que tienes que dejar de decirle a Dios lo que te hará feliz. Cuando nos sentamos todo el día soñando sobre cómo serían las cosas si estuviéramos a cargo, quejándonos de que las cosas no salen como queremos, cuando esa es nuestra vida, simplemente estamos sentados en nuestra propia miseria. ¡Arrepientete! ¡Date la vuelta! Porque cuando lo haces, cuando alguien más se convierte en lo importante en tu vida—cuando Dios mismo se convierte en lo más importante en tu vida, sucede algo realmente increíble.

Juan el Bautista cierra con: “Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego.” En el Espíritu Santo y el fuego. Jesús no solo viene y nos enseña cosas bonitas. Jesús trae poder, un poder de regeneración, de renacimiento. Jesús nos invierte con este poder en nuestro Bautismo—el poder del Espíritu Santo. Y como el fuego, agita nuestros corazones, enciende en nosotros la llama del amor divino y nos cambia desde adentro.

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