No necesitamos mucho, pero necesitamos su presencia.

La pregunta real es: “¿Buscamos su presencia?” Y: “¿Es el sentido y la conciencia de su presencia el aspecto más determinante de nuestra vida?” ¡Porque en el fondo necesitamos esta presencia! No necesitamos mucho, pero necesitamos su presencia. Y con Pentecostés, su promesa se cumple: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.” El Señor resucitado está entre nosotros. ¡Viva! Aquí.

Para Hacernos Dios

Esta fue la misión de Jesús. Su misión no era hacer del mundo un lugar mejor, no eliminar el sufrimiento, ¡no hacer nada de eso! No. El hijo de Dios se hizo un hombre para hacernos Dios, para que podamos entrar en la vida de la Trinidad, para que se cumplan las necesidades y deseos más profundos de nuestro corazón. Cuando Cristo ascendió a los cielos, no solo se fue.